Alina se mordió el labio con fuerza. Sus dedos, aún aferrados a la copa de vino, temblaban al mismo ritmo que los latidos desbocados de su corazón. Frente a ella, la figura de aquel hombre de mediana edad se alzaba como una sombra oscura, lista para devorarla viva.
—Cariño… No es importante —susurró—. Olvídalo.
El señor Aaron la miró como si quisiera despojarla de todos sus pensamientos. Aquella mirada hizo que la sangre de Alina se congelara en las venas.
—¿Estás segura de que ese mensaje no e