Capítulo 38

Genesis

Por supuesto que no.

Nada en él pasa por accidente.

—Ella vino hacia mí y yo… la usé.

Bajo la vista a mis manos.

Todavía siento la hoja entrando. La resistencia del cuerpo. El calor de la sangre ajena estallándome sobre la piel.

Dios.

Maté a alguien.

No me derrumbo al pensarlo. Solo siento un vacío raro. Como si mi miedo hubiera corrido tanto que ahora ya no supiera dónde volver a esconderse.

—No me dio tiempo de pensar —digo más bajo—. Solo sentí que si no la mataba, ella iba a tocarlo
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