Genesis
Por supuesto que no.
Nada en él pasa por accidente.
—Ella vino hacia mí y yo… la usé.
Bajo la vista a mis manos.
Todavía siento la hoja entrando. La resistencia del cuerpo. El calor de la sangre ajena estallándome sobre la piel.
Dios.
Maté a alguien.
No me derrumbo al pensarlo. Solo siento un vacío raro. Como si mi miedo hubiera corrido tanto que ahora ya no supiera dónde volver a esconderse.
—No me dio tiempo de pensar —digo más bajo—. Solo sentí que si no la mataba, ella iba a tocarlo