Génesis
No me gusta cómo me tiembla el cuerpo cuando Helena me lleva de vuelta al ala norte.
No es miedo. O al menos no quiero llamarlo así.
Es otra cosa. Una mezcla fea de rabia, presión en el pecho y esa sensación cada vez más frecuente de que mi propio cuerpo ya no me pertenece del todo. Camino recta, con la espalda tensa y el mentón arriba, como si eso bastara para convencer al palacio de que sigo teniendo el control. Pero por dentro siento al niño inquieto, vivo, demasiado despierto. Como