Cassian
No la suelto.
No de inmediato.
Selene ya se ha ido del balcón, pero su voz sigue colgando en el aire como una amenaza envuelta en seda.
Tu debilidad.
La palabra me revienta dentro con una violencia que no le permito ver a nadie. Mucho menos a Génesis, que sigue entre mis brazos, con una mano sobre el vientre y la respiración todavía alterada por la reacción del niño.
La sostengo con una mano firme en la cintura y otra en el brazo, lo bastante fuerte para estabilizarla, lo bastante cuida