Cassian
—Y sí —continúa Lucien—, es mi hijo.
El salón entero se queda inmóvil.
Helena sonríe de lado como si hubiera ganado una apuesta que nadie más sabía que existía. Isolde ni siquiera parece sorprendida del todo. Génesis me mira, luego a Lucien, luego a Elyra, y en sus ojos veo la misma mezcla de agotamiento y ganas de arrancarnos la garganta que yo llevo semanas tragándome.
—Claro —murmura ella—. Por supuesto. Un lobo gigante con tu cara de imbécil no podía ser cualquier cosa.
Lucien resop