Genesis
La suya.
La de él.
Una luz tenue al principio. Después más fuerte. No ciega. Pero sí imposible de ignorar. Siento el tirón del vínculo duplicarse, abrirse, reacomodarse. Una parte de mí que no sabía rota vuelve a su sitio con tanta violencia que me obliga a agarrarme al poste de la cama para no caer.
Klaus deja de temblar.
Respira.
Mi hija también.
Y por primera vez desde que la vi en el claro, veo algo distinto en su cara. No solo tristeza. No solo alerta. Ahora también hay descanso.
—