Cassian
—Enciérrenla.
La orden cae en el salón antes de que nadie termine de entender si hablo como rey, como hombre traicionado o como la bestia que lleva demasiado tiempo oliendo mentiras en su propia casa.
Elyra no se mueve.
No intenta huir. No suplica. No niega nada.
Eso, por alguna razón, me enfurece más.
Lucien sí da un paso adelante.
—No.
No alzo la voz. No hace falta.
—Vuelve a decirlo.
Mi hermano me sostiene la mirada. Siempre fue bueno en eso. En tensar una cuerda hasta el punto exact