Génesis
Llevo cuatro días sin toser sangre.
Eso debería hacerme feliz.
Debería sentir alivio, esperanza, aunque sea una pequeña tregua en medio de esta pesadilla. Pero no puedo. Porque en este lugar hasta las buenas noticias parecen una amenaza disfrazada.
Estoy de pie frente al espejo de mi habitación, con una mano apoyada en el borde de la cómoda y la otra sobre mi vientre todavía plano. Me observo con atención, como si mi reflejo fuera una extraña que acaba de instalarse en mi cuerpo sin ped