Capítulo 121

Genesis

Y entonces la sed termina de arrancarme lo que quedaba de resistencia.

No le hundo los colmillos en el cuello.

No le desgarro la garganta.

Bajo a su muñeca.

La mordida entra donde el pulso es fuerte y la piel más delgada.

El sabor me enloquece.

Caliente.

Humano.

Vivo.

No se parece a la sangre de Cassian, oscura y poderosa, cargada de algo que me sostiene y me somete al mismo tiempo. Esta es distinta. Más ligera. Más feroz. Más sucia. Más directa. Me golpea el cuerpo entero. Me afloja la
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