Genesis
Y entonces la sed termina de arrancarme lo que quedaba de resistencia.
No le hundo los colmillos en el cuello.
No le desgarro la garganta.
Bajo a su muñeca.
La mordida entra donde el pulso es fuerte y la piel más delgada.
El sabor me enloquece.
Caliente.
Humano.
Vivo.
No se parece a la sangre de Cassian, oscura y poderosa, cargada de algo que me sostiene y me somete al mismo tiempo. Esta es distinta. Más ligera. Más feroz. Más sucia. Más directa. Me golpea el cuerpo entero. Me afloja la