Genesis
Salir del castillo sin Klaus en brazos me deja una sensación insoportable. Como si me hubiera olvidado algo vital en la habitación y mi cuerpo se negara a entender por qué sigo caminando si él no va pegado a mi pecho.
Isolde lo sostiene con su habitual cara de funeral. Helena, a su lado, promete que arrancará cabezas si algo se acerca demasiado a la cuna.
No la duda. Eso ayuda un poco.
—Volveremos pronto —le digo a Klaus, sintiéndome ridícula por hablarle como si entendiera cada palabra