Eleonor observa a Johanna ir y venir por la sala con pasos cortos y algo presuroso, llegando por un animal a compararlo con un animal enjaulado que mide su territorio una y otra vez para convencerse que no ha perdido ni un poco de ese terreno. Dando una calada a su cigarrillo, fuma con calma aparente, aunque su mirada no se despega de la figura inquieta de Johanna. Cuando esta finalmente se detiene, lo hace a mitad de la sala y su expresión deja ver claramente la forma en la que está calculando