Alexander entra al vivero empujando la puerta de vidrio con más fuerza de la necesaria, y es que lo mueve el desespero de que Skye esté allí, después de haberla buscado por toda la casa. Una vez que entra en el espacio, el contraste de temperatura lo recibe de inmediato: el aire húmedo y tibio, cargado del aroma a tierra mojada y hojas verdes, choca contra el frío que todavía se le aferra al abrigo. En un primer momento no ve a nadie dentro del vivero, por lo que deja salir un bajo y pesado sus