El brillante futuro de Elena Vidal fue destruido por un solo trago de whisky, o al menos esa es la cantidad que recordaba haber bebido.
Nunca imaginó que su mundo se desmoronaría después de una sola noche con el mayor enemigo de su padre, Adrián Cruz —el notorio magnate de negocios e infame playboy que dominaba las páginas de chismes desde los veinticinco años. Casi todos los fines de semana, su nombre aparecía acompañado de fotografías: él, con esa sonrisa despiadada, y alguna mujer de belleza