Capítulo 1: Las Reglas del Olvido
Sin tocar, sin besar, sin intimidad. Esas eran las normas inquebrantables que mi esposo Diego Santana me impuso desde el primer día del matrimonio, amparado en una germofobia severa que lo encerraba en un mundo de guantes desechables, aerosoles de desinfectante y límites intransponibles. Cada gesto mío estaba vigilado; cada acercamiento, medido.
Una vez, distraída, bebí accidentalmente de su taza de porcelana blanca, la misma que su madre le había regalado. Lo