Capítulo 1: El eco de un regalo amargo
El reloj de pared, una pieza de oro y ébano que Valerius había comprado en una subasta en Londres, marcó las doce de la noche con una frialdad metálica. Era oficialmente mi cumpleaños número veinticuatro. En la penumbra del lujoso ático que compartíamos en el corazón de Madrid, el silencio era tan denso que podía escuchar el latido de mi propio corazón, un órgano que, tras tres años de matrimonio, se sentía cansado, como una máquina a la que se le acaba el