La noche en Venturis se sentía cargada de una electricidad estática. Tras poner a salvo a su madre en una clínica privada de máxima seguridad, Elena se encontraba en el asiento trasero del Maybach, observando cómo las luces de la ciudad se difuminaban a través del cristal. A su lado, Alek cargaba su teléfono satelital, coordinando el golpe final.
—Isabella se ha refugiado en su ático del Distrito Financiero —dijo Alek, guardando el dispositivo—. Ha activado a su equipo de abogados y está intent