Era una tarde gris de otoño cuando mi móvil vibró con un mensaje de un número desconocido. El remitente se identificó como “Ala”, y al abrir el mensaje, sentí cómo mi sangre se heló. “Soy la nueva secretaria de Mateo”, decía el texto. “Creo que debes ver esto.” Adjuntadas había fotos y videos íntimos: Mateo abrazando a una mujer joven, sus manos en su cintura, besándola con pasión en el despacho de su oficina. En los videos, escuchaba su voz, suave y aduladora: “Scarlet, mi amor, eres todo para