Pasaron ocho años desde que me mudé al sur, desde que me casé con Alejandro y construí una vida llena de amor, estabilidad y éxito. Nuestros hijos, Lucas y Sofía, habían crecido rápidamente: Lucas, de siete años, era un niño curioso y amante de los deportes; Sofía, de cinco, tenía los ojos azules de su padre y una sonrisa que iluminaba cualquier espacio. Mi trabajo como directora general de la región sur había sido un éxito: habíamos expandido la empresa, contratado nuevos equipos y llevado a c