Los siguientes dos meses pasaron volando. El otoño dio paso al invierno, y la ciudad se cubrió de un frescor suave que hacía que todos quisieran estar cerca, abrigados. Elena y Javier seguían yendo todos los miércoles a la Escuela San José —los niños ya los esperaban con impaciencia, y Lucas había aprendido a leer con fluidez, lo que le llenaba a Elena de orgullo cada vez que lo veía.
Su relación también crecía día a día. Javier venía a verla a la casa de Luna casi todas las noches: se sentaban