La semana siguiente, el sol salió con fuerza a pesar del otoño, y Elena se levantó temprano. Ese día era su primera clase de apoyo en la Escuela San José —un edificio pequeño y sencillo en el barrio sur, con paredes pintadas de azul y un patio con una cancha de fútbol de tierra.
Se vistió con jeans claros y una camisa amarilla —un color que le decía que era un día de nuevos comienzos— y se peinó el cabello en una coleta. Javier venía a buscarla en su coche, y cuando llegó, le sonrió con una exp