El humo negro del sótano se desvanecía lentamente cuando Malachar terminó de barajar las cartas negras. Las imágenes en ellas ahora mostraban árboles retorcidos, almas envidiosas que se enroscaban en las ramas, y ojos que miraban desde la oscuridad. Kael sentía su alma más fuerte después de superar la avaricia y la pereza, pero el vacío de la pieza perdida seguía ahí, recordándole el precio del juego. Lyra seguía siendo su guía, su razón de seguir adelante.
—La novena mano nos llevará al cuarto