Dos semanas después de mudarse a la casa de Luna, el sol salió con fuerza sobre la ciudad, y Elena se levantó temprano. Había hecho la inscripción en la Facultad de Educación de la universidad local —un proceso que Luna le había ayudado a completar, llenando formularios y llevándola a las citas con los directivos. Ese día era su primer día de clases.
Se vistió con jeans oscuros y una camisa blanca, se peinó el cabello en una coleta sencilla y miró a sí misma en el espejo. No se veía diferente —