Dos días después, el sol salió con fuerza sobre la ciudad, y la Dra. Sosa le dio el visto bueno para irse. Luna había alquilado un taxi para llevarla, y había empacado todo lo suyo de la habitación 307 —las girasoles, la taza de café que le quedaba, un recado que la doctora le había dejado: «Recuerda: vales más de lo que crees».
El viaje hacia la casa que Elena compartía con Martín era corto, pero se sentía como una eternidad. Miró por la ventana, viendo las calles que conocía tan bien, pero ah