Valerius no era un hombre que aceptara la derrota, y mucho menos el silencio. Durante los tres días siguientes al encuentro con Celia, intentó llamar a Alessandra noventa y nueve veces. Cada llamada terminaba en el mismo buzón de voz, una grabación fría y profesional que no dejaba rastro de la mujer cálida que solía recibirlo con una sonrisa a cualquier hora de la madrugada.
El ático se sentía cada vez más grande, más vacío. El olor a gardenias de Bianca, que antes le parecía embriagador, ahora