El bosque de los lamentos era un laberinto de pinos centenarios y sombras que parecían cobrar vida. Selene corría en su forma de loba blanca, sus patas golpeando el suelo con una fuerza que nunca supo que poseía. A sus espaldas, el estruendo de la manada de Silas se acercaba; el Alfa s@ngriento no era un rastreador común, era una fuerza de la naturaleza que no aceptaba un "no" por respuesta.
Al llegar a un claro iluminado por la luna de plata, una figura salió de entre los arbustos. Selene se e