El sol se levantaba con lentitud sobre el bosque, teñiendo el cielo de naranja y rosa, cuando yo, Iris, decidí regresar al territorio de la Manada Stoneclaw para recoger mis pertenencias. Mi madre, Clara, estaba establecida en el refugio de la Silvermane, sus espinas negras ahora estabilizadas por el poder del Altar de Luz de Luna, pero aún necesitaba descanso. Caleb, el guerrero de Orion, me acompañó hasta el límite de las tierras enemigas, su mirada alerta, lista para defenderme si fuera nece