Capítulo 4: El Llamado a Silvermane
Los dos días siguientes pasaron en un torbellino de preparativos y silencio. Yo, Iris, permanecí en la cabaña del bosque que la Manada Silvermane había habilitado como refugio, sentada junto a mi madre, Clara, mientras la maldición de las espinas negras latía débilmente bajo su piel. El sanador Thomas y la sanadora Elena vigilaban su estado con cuidado, aplicando ungüentos de hierbas y canalizando el poder del Altar de Luz de Luna para mantenerla estable. Dar