—Vamos, maldita sea... desaparece —susurré, viendo la barra de progreso del borrado seguro.
Había pasado las últimas tres horas desmantelando la ruta de acceso que usé, pero cada vez que eliminaba un archivo, una nueva línea de código aparecía en la consola. No era un error del sistema. Era un troyano de respuesta. Alguien estaba dentro de mi red, observando cómo intentaba esconderme.
Un escalofrío me recorrió la nuca. No era solo mi ordenador.
Lentamente, aparté la vista de la pantalla y miré