El juzgado de familia parecía una arena de gladiadores. Los flashes de los fotógrafos estallaban en la entrada mientras Elena, vestida con un traje negro impecable, caminaba con la frente en alto, sosteniendo la mano de una Mía confundida. Detrás de ellas, Sofía caminaba en un silencio sepulcral, evitando mirar a su hermana.
Adrián ya estaba allí, sentado junto a su equipo de abogados. Al ver a Elena, le dedicó una inclinación de cabeza casi imperceptible, una sonrisa de triunfo asomando en sus