El nombre "Inquisidora" golpeó la habitación como una ráfaga de viento invernal. Elara intentó apartar su mano de la de Alistair, presa de un pánico repentino, pero el Rey cerró los dedos con más fuerza, negándose a soltarla.
—Escóndete —ordenó Alistair, su voz recuperando la autoridad de mando—. Ve a la cámara tras el tapiz. Ahora.
—Alistair, si ella detecta el rastro de mi magia sin el collar... —balbuceó Elara, sus ojos dorados dilatados por el miedo.
—Yo me encargaré. Confía en mí.
Con un ú