La mañana de Navidad, me desperté con el ruido del caos en el salón. Los pasos rápidos de mi madre, el murmullo de mi padre y el olor a canela y pan recién horneado llenaban la casa, pero para mí todo estaba en silencio. Aún sentía el peso de la noche anterior, las palabras de Mateo y Valeria resonando en mi cabeza. Antes de que pudiera cerrar los ojos de nuevo, la puerta de mi habitación se abrió de golpe. Era la madre de Mateo, Clara, con su sonrisa amplia y sus ojos brillantes. “¡Arriba, gua