La noche se alargó en silencios pesados. Lila no cerró los ojos, sus dedos aún acariciando el anillo de bodas, mientras el video de Elián y Sofía repasaba en su mente como un ciclo sin fin. Cuando el primer rayo de sol filtraba por las cortinas de lino, decidió romper el encadenamiento de la tristeza. Se levantó, se vistió de jeans y una blusa de algodón claro, y llamó a Marta.
—Marta —dijo con voz firme, algo que la empleada no escuchaba desde hacía meses—, necesito que me ayudes a buscar las