Yo soy Diego, y desde el día que vi a Ramón levantar la mano para golpear a Martín, no he parado de sentir vergüenza. Vergüenza de ser su hermano, vergüenza de haber creído sus mentiras durante años, vergüenza de no haber ayudado a Catalina antes. Ahora, en la segunda jornada del juicio, soy testigo para defenderla — y sé que esto va a romper mi relación con Ramón para siempre. Pero no me importa: la verdad es más importante que cualquier cosa.
Llegué al juzgado con Raquel y Sofía. Catalina y M