Después de que mamá me dijo que mañana iríamos a montar en bicicleta, me quedé pensando en el dragón que le iba a enseñar a dibujar a Martín. Me levanté de la cama, cogí mis lápices y un papel, y empecé a dibujarlo: con escamas rojas, alas grandes y fuego saliendo de la boca. Cuando terminé, se lo guardé para dárselo a Martín al día siguiente.
A medianoche, escuché un ruido en el salón. Me levanté con cuidado y miré por la puerta — era tía Catalina, que había vuelto. Estaba hablando con mamá e