Pasaron dos años más desde que enterramos las cartas del abuelo en Paraguay. Thiago había sido recapturado y trasladado a una cárcel de máxima seguridad, donde no podría escapar nunca más. Nuestra vida en San Francisco se había vuelto una sinfonía de paz, amor y trabajo: la empresa de Lucas había expandido a Sudamérica, creando empleos en Paraguay, Argentina y Brasil; el programa de Rubén había llegado a Europa, y Camila había sido nombrada directora regional, viajando por el mundo para ayudar