El jet privado de Alek cortaba las nubes sobre el Atlántico con una suavidad irreal. En la cabina de lujo, el silencio solo era interrumpido por el leve tintineo de los cubiertos de plata. Elena observaba el horizonte a través de la ventanilla, vestida con un conjunto de cachemira blanca que resaltaba su nueva aura de sofisticación. Ya no quedaba ni rastro de la estudiante agotada que contaba monedas para el autobús.
Alek, sentado frente a ella, revisaba unos documentos en su tableta. Sus gafas