La mansión Colmillo de Plata se sentía como una tumba de mármol durante las noches. Desde mi cama, podía escuchar el latido rítmico de la casa: el patrullaje de los guardias en el jardín, el viento chocando contra los ventanales y, en la habitación contigua, la respiración pesada y satisfecha de Alaric.
Él dormía tranquilo, convencido de que su "Luna" era ahora un objeto inerte.
«Despierta», susurré en el refugio de mi mente. «Despierta, maldita sea».
Llamaba a mi loba, pero ella estaba sumergi