La mañana en la mansión Vantress comenzó con el sonido gélido del cristal chocando contra el mármol. Mila no había pegado el ojo en toda la noche, atormentada por la imagen de Isabella saludando desde las sombras del jardín. ¿Cómo había entrado? ¿O es que nunca se había ido realmente?
Vestida con un traje de lino negro que proyectaba una autoridad que no sentía, Mila bajó al despacho de Dante. Al entrar, el ambiente estaba cargado de una tensión burocrática. Un hombre de cabello canoso y maletí