El mensaje de Isabella seguía quemando en la pantalla del teléfono de Mila. "Sé lo de las fotos". Esas cinco palabras eran el anzuelo perfecto. Mila sabía que ir al muelle era una locura, una trampa mortal envuelta en papel de regalo, pero quedarse en la mansión siendo el títere de Dante ya no era una opción.
Sin embargo, Mila no era una ingenua. Sabía que Dante tenía ojos en todas partes. Si salía de la mansión a medianoche, los guardias le informarían antes de que ella llegara a la esquina. N