El camino bajaba hacia abajo en una pendiente suave, tallado en la roca por las raíces del árbol antiguo que Lira había visto en su recuerdo. La luz del cristal rojo que llevábamos en el centro del grupo iluminaba el camino — un brillo cálido que contrastaba con la oscuridad que nos rodeaba, oscuridad tan densa que parecía tener peso. Los pasos de todos resonaban en la caverna: los pasos fuertes de Torvin al frente, los pasos suaves de Lyra al lado mío, los pasos firmes de Lira y los demás beta