La luz azulada volvió a llenar la plaza, pero no era la misma que antes. Tenía un brillo más cálido, como si el cristal hubiera aprendido algo nuevo. Todos estaban quietos, mirando a mí y a Lyra — el gamma que habló por primera vez, la omega que recuperó su nombre. Torvin se levantó del suelo, se quitó la tierra del pelaje negro y miró hacia mí con los ojos amarillos llenos de desconfianza.
"¿Cómo lo hiciste?", preguntó, su voz gruesa y tensa. "¿Cómo sabías su nombre? Eres un gamma — no debería