El sonido de los murmullos provenientes del salón llegaba hasta el vestuario como un eco lejano, cargado de curiosidad y piedad. Carla cerró la puerta suavemente detrás de ella, acercándose hasta donde yo seguía tendida en el suelo, con el vestido de novia arrugado y las lágrimas secándose en mis mejillas. “Sofía, amor... ¿qué vamos a hacer? Los invitados ya empiezan a preguntar qué está pasando, y tu madre acaba de entrar en el salón con esa cara que pone cuando está a punto de empezar a regañ