La paz en la mansión Moretti era una ilusión de cristal, hermosa pero frágil. Sol se había acostumbrado al peso de las joyas y al murmullo de respeto de los capitanes, pero sus ojos plateados seguían buscando las sombras. Sabía que la salida de Bianca no sería el fin, sino el prólogo de algo más retorcido.
Esa tarde, mientras Sol revisaba los informes financieros en la biblioteca, un mensajero entregó una caja de madera negra. No tenía remitente, solo un sello de cera roja con la forma de un oj