El vapor oscuro del frasco roto no era solo una sustancia química; era un conductor. Al inhalarlo, Sol sintió que el mundo físico se desvanecía, dejando paso a una red de conexiones nerviosas. Podía "ver" la frecuencia sónica que Dante estaba usando para controlar a los guardias. Eran hilos invisibles de sonido que vibraban en el aire.
—Alex, ¡no los m@tes! —gritó Sol, cubriéndose los oídos—. No son ellos, es el sonido. ¡Busca los repetidores en el jardín!
Alex, con la pierna sangrando de nuevo