El amanecer llegó con un cielo gris y nublado, pero en las dos manadas había algo que no se veía desde hace meses: esperanza. Los heridos — Carlos, Rayo y dos lobos más que habían sido golpeados por los osos — estaban curados lo mejor posible con hierbas que Nube, que conocía mucho de plantas, había recolectado en el bosque.
Tormenta y Trueno reunieron a todos en el puente de piedras. Había alrededor de treinta lobos en total: dieciséis de la Manada del Valle de las Sombras Silenciosas y catorc