—¡Eres...! —Maggie muerde su lengua para no decir las groseras palabras ante los niños.
—Maggie —Sofía la abraza—. No le prestes atención, te veré luego. En el horno dejé comida para ti —deja de abrazarla.
—Está bien —sonríe hipócritamente—. No pasa nada, nos vemos luego, amiga —se despide—. Adiós, pequeños —agrega y mira a Cedric, quien porta una seriedad que pareciera que odiara a todo el mundo.
Al salir del apartamento, Maggie maldice seguidamente a Alexander, mientras que Sofía está di