Lucrecia tiembla al sentir ese fuerte agarre y la forma en que ese hombre la mira con desdén sin siquiera parpadear. —Lucrecia Rizzo —la menciona, y sin soltar el brazo, se acerca a ella, quedando frente a frente y dando la espalda a Sofía. —La mujer que está detrás de mí, Sofía Mangano, no la vuelvas a tocar —la sentencia—. Lucrecia pasa saliva. —Entra al apartamento, Sofía —le ordena Alexander Di Napoli.
Mangano mira una vez más a Lucrecia, puede percibir su temor. Pedro no tendrá pesar de e