Sofía está destrozada, no puede dejar de pensar en Leonardo, no quiere aceptar que lo haya perdido, que los mellizos se hayan quedado sin padre. Se siente tan, pero tan mal, que no se haya cómo manejar la situación en este momento.
—Sofia, ven— Maggie extiende su mano para que Sofía se apoye y baje del helicóptero. Han llegado a casa del bosque
Mangano baja y se siente tan vacía que al sentir una mirada sobre ella, se guía por su instinto y son los niños quien la miran.
—vengan mis niños— el