El mundo crujía, y no por el paso de los días, sino por el peso de algo que se desmoronaba desde adentro.
Después del ataque de la criatura del Vacío, el aire cambió. El bosque ya no susurraba, ahora sus ramas gemían. El cielo se cubría de nubes incluso cuando no había tormentas, y el suelo… vibraba levemente, como si algo profundo despertara.
Los Ancianos no tardaron en confirmar lo que yo ya temía.
—Los sellos… —murmuró Enohar, el más antiguo de todos, con sus dedos temblorosos extendidos sobr