PRIMERA PARTE: LA INQUIETUD
La tarde caía sobre el bosque con esa lentitud dorada que solo tienen los atardeceres en el trópico. La luz se filtraba entre los árboles como un vitral en movimiento, creando manchas cálidas sobre el suelo de tierra.
Las chicas estaban reunidas cerca de la fogata. Valeria, Sofía y Luna. Hablaban en voz baja, con esa inquietud que flota en el aire cuando algo no está bien.
—Clara no ha vuelto —dijo Valeria, mirando hacia el sendero—. Lleva todo el día desaparecida.
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